
Carlos Vaimberg
Si creías que el amor se trataba de compartir puestas de sol, prepárate para compartir bacterias, facturas y un resentimiento creciente por ese calcetín que lleva tres días saludándote desde el suelo. Perdóname, pero discúlpame no es el típico libro de autoayuda con nubes en la portada; es un espejo ácido, brutal y honesto que te obligará a reírte de tu propia miseria antes de que termines en un juzgado de familia.